Junto a Casa Ex Templo se levanta una cúpula. No es solo el edificio de al lado: es la razón por la que la casa se llama como se llama y, de alguna manera, parte de su arquitectura. Esta es la historia de cómo esa casona del siglo XVIII, que llegó a estar al borde de perderse, volvió a habitarse.

El templo de los carpinteros
El nombre de la casa es un mapa. En esa esquina hubo primero una ermita de los calafates y carpinteros de San José, el santo patrono de sus oficios. Hacia 1716 los jesuitas la transformaron en templo, anexo al colegio de la orden. La expulsión de 1767 dejó la obra inconclusa, y fue la propia ciudad la que la terminó a principios del siglo XIX. En 1865, la torre poniente recibió un faro para guiar a las embarcaciones que llegaban al puerto. En 1914, el edificio dejó el culto religioso.
Hoy su fachada barroca vestida de talavera y su faro lo vuelven uno de los pocos templos coloniales de México coronados por una luz de puerto, y el antiguo colegio jesuita es, desde 1860, el Instituto Campechano. Casa Ex Templo, también del siglo XVIII, ha vivido todo eso desde la misma esquina: el templo y el antiguo colegio son sus vecinos inmediatos.
Cuando el despacho Workshop Diseño y Construcción recibió el encargo de rescatarla, esa cúpula dejó de ser simplemente parte del paisaje: se convirtió en el eje visual alrededor del cual se ordenó la intervención. La cúpula no fue un elemento añadido al proyecto. Siempre estuvo ahí. Lo que cambió fue la manera de volver a mirarla.
Una casa al borde de perderse
La estructura original se encontraba en un grave estado de abandono y deterioro. Los patios estaban tomados por añadidos de varias épocas. La herrería sobrevivía entre la vegetación. Buena parte de las techumbres había sido modificada sin criterio.
Ese era el reto: restaurar sin congelar la casa en el pasado, e incorporar lo necesario para habitarla hoy sin traicionar lo que todavía quedaba de ella. En rigor, la intervención fue tanto restauración como remodelación: conservar lo que la casa aún tenía de sí misma y rehacer lo que ya había perdido.
Es el segundo caso de nuestra serie de restauraciones, después de La Casa Verde. Y, como toda intervención dentro de la ciudad amurallada de Campeche, Patrimonio Mundial de la UNESCO, siguió los principios reunidos en nuestro manifiesto de restauración: leer la casa antes de tocarla, cambiar lo mínimo indispensable y dejar que lo nuevo dialogue con lo histórico sin disfrazarse.



Lo que debía quedarse: el piso de pasta
En la primera crujía, donde hoy están la sala y el comedor, había algo que no necesitaba ser reemplazado: sus pisos de pasta. Era la única crujía que los conservaba, y la decisión fue sencilla. Se quedaron en su lugar, como se hizo también en La Casa Verde.
Un piso de pasta es un mosaico hidráulico artesanal, hecho a mano con cemento pigmentado y prensado en frío, que las casonas del sureste adoptaron entre finales del siglo XIX y principios del XX. No nació con la casa: es un capítulo posterior de su historia, y como tal se conservó. Preservarlo no significa solamente preservar un material. Significa preservar un oficio.
Aquí aparece una de las ideas centrales del rescate: no todo lo antiguo necesita sustituirse para que una casa vuelva a funcionar. A veces, lo mejor que se puede hacer es dejar que lo que sobrevivió siga trabajando.


Lo que había que corregir: una techumbre fuera de escala
La techumbre de esa misma crujía contaba una historia diferente. Había sido modificada en el pasado y quedó mucho más baja que el resto de la casa. Esta vez, conservar no era la respuesta.
La decisión fue demolerla y construir una nueva, respetando la altura original y con vigas de madera que siguen el ritmo y la proporción de los demás espacios. Es quizás la forma más clara de entender el criterio de toda la intervención: lo original que todavía funciona se conserva; lo que fue alterado sin respetar la lógica de la casa se corrige regresando a esa lógica. No se trataba de hacer que todo pareciera antiguo. Se trataba de devolverle coherencia a la casa.


Cocina, terraza y un deck que flota
La restauración no terminó en la estructura. La cocina ocupa la segunda crujía y se conecta con una pequeña terraza a través de puertas plegadizas de madera y cristal. Esa terraza hace dos trabajos: es comedor exterior y es vestíbulo hacia la primera recámara, que tiene acceso a un deck de madera que parece flotar sobre el agua de la alberca.
Son decisiones contemporáneas, pero no intentan competir con la casa. Se incorporan a ella.

El corazón de la casa está detrás de un arco
Y entonces está el patio. Al atravesar el arco colonial de medio punto se llega al corazón de la vivienda: un patio central de muros de piedra aparente y acabados en tonos terracota, con una alberca pequeña terminada en chukum, el estucado tradicional de la península que ya conocen los muros de Casa Pistache.
Pero el agua no es el único punto de atención. Desde la alberca, al fondo, aparece la cúpula del ex templo de San José. Es aquí donde el nombre de la casa adquiere todo su sentido: desde este patio, la casona y el templo parecen formar parte de una misma composición.
Al fondo de la propiedad, un vestíbulo ordena el área de servicios y la segunda recámara, que se conecta a la alberca por puertas dobles de madera de cedro. Su baño tiene una fuga visual propia: un ventanal hacia un pequeño jardín interior de muros de piedra. Cada espacio tiene una relación distinta con el exterior y, sin embargo, todos terminan regresando al mismo lugar: el patio y la cúpula.


Volver a habitar una casa
El rescate de Casa Ex Templo no consistió en recuperar cada elemento antiguo. Algunos sobrevivieron y se conservaron. Otros habían sido transformados y hubo que reconstruirlos. Y otros, como la alberca, la terraza o el deck, son parte de la nueva vida de la casa. Ese equilibrio, entre lo que estaba, lo que se recuperó y lo que se añadió, es lo que define la intervención.
La casa no volvió a ser la misma. Volvió a ser una casa.
El equipo y los reconocimientos
El proyecto, el diseño de interiores y la ejecución son del despacho Workshop Diseño y Construcción, con mobiliario de Artesano MX, arte de Gabo Mendoza y fotografía de arquitectura de Tamara Uribe. La intervención, de 145 m² techados, se terminó en septiembre de 2023.
El resultado ha sido evaluado por terceros: la restauración recibió la Medalla de Oro de la Bienal de Campeche 2026 del Colegio de Arquitectos, la Mención de Honor en Restauración de la XV Bienal de Arquitectura Yucateca 2023 y fue finalista de los Iconos del Diseño 2022 de Architectural Digest México, además de su registro en la Bienal Nacional de Arquitectura Mexicana 2024. La casa ha sido publicada por Elle Decoration España y Amazing Architecture, entre otros medios reunidos en nuestra página de prensa.
Pero quizá la mejor manera de entender el proyecto no está en los reconocimientos. Está en entrar por la puerta, atravesar el arco y encontrarse, desde el agua, con la cúpula que ha estado ahí desde hace más de dos siglos.
Duerma junto al templo de los carpinteros, en la casa que cuenta esta historia.
Ver Casa Ex Templo →Preguntas frecuentes
¿Quién restauró Casa Ex Templo y cuándo?
El proyecto, los interiores y la obra son del despacho Workshop Diseño y Construcción. La intervención, de 145 m² techados, se terminó en septiembre de 2023, dentro de la ciudad amurallada de Campeche.
¿Qué se conservó de la casa original?
Los pisos de pasta históricos de la primera crujía (mosaico hidráulico que las casonas del sureste adoptaron entre finales del siglo XIX y principios del XX), los muros de piedra y los arcos coloniales de medio punto. La techumbre de la primera crujía, alterada en el pasado y más baja que el resto de la casa, se reconstruyó respetando la altura original, con vigas de madera que siguen la proporción de los demás espacios.
¿Por qué se llama Casa Ex Templo?
Por su vecino: el ex templo de San José, levantado por los jesuitas hacia 1716 junto al colegio de la orden (hoy Instituto Campechano) sobre una antigua ermita de calafates y carpinteros, y coronado desde 1865 por un faro. La cúpula del templo es el remate visual del patio de la casa.
¿Qué es el chukum?
Un estucado tradicional de la península de Yucatán, elaborado con la resina del árbol de chukum mezclada con cal. Da a muros y albercas un acabado terso, impermeable y de tono natural; en Casa Ex Templo termina la alberca del patio central.
¿Se puede alojar uno en Casa Ex Templo?
Sí. La casa forma parte de la colección de Casonas MX y aloja hasta seis huéspedes en dos recámaras con baño, con alberca privada en el patio y la cúpula del ex templo como paisaje, dentro del centro amurallado de Campeche.
Revisado y verificado en agosto de 2026 por el equipo editorial de Casonas MX en Campeche. Los datos del proyecto (Workshop Diseño y Construcción; interiores del mismo despacho; mobiliario de Artesano MX; arte de Gabo Mendoza; fotografía de Tamara Uribe; 145 m² techados; término en septiembre de 2023) se cotejaron con la ficha del proyecto publicada en Amazing Architecture y Archello. La historia del ex templo de San José (ermita de calafates y carpinteros transformada por los jesuitas hacia 1716, obra inconclusa por la expulsión de 1767, término a principios del siglo XIX, faro instalado en 1865, fin del culto en 1914) se verificó con el portal cultural de la Secretaría de Cultura y prensa local de Campeche. Los reconocimientos se citan conforme al expediente de la página de prensa de Casonas MX. Las fotos del estado previo provienen del archivo de la restauración. Los comentarios de un cronista local llevaron a precisar la geografía del conjunto (la casa es vecina inmediata del templo y del antiguo colegio jesuita, hoy Instituto Campechano, fundado ahí en 1860) y la datación de los pisos de pasta, que llegaron a la casa entre finales del siglo XIX y principios del XX, después de su construcción.


